De la protesta a la propuesta: la forma en que la sociedad civil ha ayudado al cambio en México

Por Sharon Bissell

A finales de 1985, Mexico se recuperaba del terremoto del 19 de septiembre que resultó en la pérdida de más de 5,000 vidas en la capital del país. La tragedia dio pie a una movilización espontánea sin precedentes de la sociedad, y a la participación de numerosas organizaciones de la sociedad civil que actuaron con determinación para atender las necesidades de rescate y apoyo a damnificados que el gobierno no pudo satisfacer. La ciudadanía se organizó en brigadas, buscaron y extrajeron personas atrapadas en los edificios derrumbados, armaron campamentos y cocinas rudimentarios, y tomaron en sus manos el cuidado de niños y niñas mientras otras personas intentaban localizar a sus padres o madres, con o sin vida.

En los años subsecuentes, el número de organizaciones civiles en México aumentó dramáticamente. Las mujeres trabajadoras se organizaron para exigir protecciones efectivas a sus derechos y a su seguridad; defensores y defensoras denunciaron la represión del gobierno en ciudades y en áreas rurales; se crearon asociaciones de migrantes que reforzaron los lazos entre familias y paisanos en los Estados Unidos; y el movimiento zapatista surgió encarnando las demandas de grupos indígenas que se levantaron en contra de la discriminación y la exclusión.

 

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© Getty Images

 

A la par de estos sucesos, el Centro Mexicano para la Planificación Familiar o Mexfam, la organización ProNatura, y la Fundación MacArthur en Chicago dialogaban sobre intereses en común. La apuesta que surgió de esa conversación fue modesta, simplemente inspirada en la renovada esperanza y energía de la sociedad civil mexicana. El resultado de ese diálogo marcó el comienzo de lo que se convertiría en más de tres décadas de colaboración entre la Fundación y las organizaciones que trabajan por ampliar la cultura de derechos y justicia en el país.

En México, el acceso a métodos anticonceptivos ha estado plagado de obstáculos arraigados en creencias religiosas y normas socioculturales que impiden a las mujeres ejercer plenamente sus derechos. Pero en ese entonces, se advertía un ambiente prometedor gracias a ciertas políticas de población pioneras en su época, la entrada de las mujeres a la fuerza laboral, y una creciente clase media con mayor conciencia e interés en ejercer sus derechos. Los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres están intrínsecamente relacionados con valores y preceptos de derechos humanos y, a lo largo del tiempo, MacArthur amplió su apoyo a causas relacionadas con retos emergentes a los derechos fundamentales de las personas.

Desde los primeros donativos en México hace casi 35 años, MacArthur ha operado diversos programas desde el apoyo al desarrollo de liderazgos en derechos humanos, salud reproductiva, y conservación (1990-2001), salud reproductiva (1985-2019), derechos humanos (2001-2020) y migración (2010-2016); hasta haber contribuido a fortalecer la filantropía y la sociedad civil. Durante ese tiempo, la Fundación ha apoyado a cientos de organizaciones y personas líderes en diferentes campos, y ha aportado más de $200 millones de dólares a grupos y personas con capacidades estratégicas y acciones que han logrado cambios importantes en México. En el momento actual en el que la Fundación está preparando el cierre de sus actividades en el país, es necesario reconocer la importancia del papel que tienen esas personas y organizaciones, en especial su solidaridad y sus respuestas creativas para el futuro.

El surgimiento y crecimiento de la sociedad civil organizada en México han sido favorecidos por el contexto y las circunstancias: represión estatal en la década de los sesenta y setenta. Un desastre natural en la década de los ochenta. Atención de la comunidad internacional a los derechos de las mujeres en la década de los noventa. La promesa de la democracia con el primer gobierno de oposición en México en la década de 2000. Y, actualmente, la crisis de derechos humanos marcada por las más de 40,000 personas desaparecidas documentadas desde 2006, la violencia sistemática en contra de mujeres y el aumento de los feminicidios, la tasa histórica de homicidios, y los problemas de violencia relacionados con el uso ilícito de drogas y la posesión de armas.

En estos contextos, la sociedad civil organizada ha estado en el corazón de los cambios significativos en las protecciones a los derechos humanos. En 2000, después de más de 70 años de un sistema unipartidista, organizaciones de la sociedad civil ayudaron a redactar el primer Programa Nacional de Derechos Humanos en colaboración con el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Han ganado casos paradigmáticos de violaciones a derechos ante la Suprema Corte de Justicia y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la descriminalización del aborto en Ciudad de México y Oaxaca, y han contribuido a mejorar leyes y políticas en materia de desaparición de personas. En 2008 una reforma constitucional al sistema de justicia acogió por primera vez la presunción de inocencia sobre la presunción de culpabilidad, y la reforma constitucional de 2011 elevó la jerarquía de los tratados internacionales sobre derechos humanos dentro de la jurisprudencia mexicana.

En el origen de estos esfuerzos se encuentra la convicción de que la participación ciudadana es necesaria para la construcción de una sociedad justa. A medida que las organizaciones avanzan desde la protesta a la propuesta, las medidas desarrolladas por las organizaciones han resultado en cambios positivos graduales en diversos ámbitos, incluidos cambios sustanciales a instituciones encargadas de promover y proteger la transparencia y la rendición de cuentas.

El reconocimiento del Estado sobre su responsabilidad de proteger y garantizar los derechos humanos se ha hecho más evidente recientemente en una serie de disculpas públicas que representantes del gobierno federal han ofrecido a víctimas de abusos, un gesto importante cuyo valor real se revelará en tanto que las autoridades efectivamente cumplan con las reparaciones integrales de los daños, y medidas que garanticen la no-repetición de las atrocidades cometidas y el acceso a la verdad y la justicia.

 

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© Getty Images

 

Para la Fundación resulta una gran satisfacción el haber celebrado los aniversarios de 25 y 30 años de existencia de organizaciones a las que apoyó desde sus inicios: el Grupo de Información sobre Reproducción Elegida, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”, la Comisión Mexicana para la Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, Sin Fronteras, Fondo Semillas, Fundar, Kinal Antzetik, y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro-Juárez.

Nuevas organizaciones como Ruta Cívica, Creatura, Tojil, el Instituto de Mujeres en la Migración, la Asociación Mexicana de Parteras Profesionales, y Quinto Elemento Lab se suman a la lista de grupos que añaden energía y nuevas visiones al trabajo de dos o más décadas de sus colegas.

La creciente sinergia entre el campo de la salud de las mujeres y el de los derechos humanos es una de las tendencias positivas y emocionantes. Comparado con 30 años atrás, el campo del activismo en derechos humanos en México se ha vuelto mucho más dispuesto a apoyar abiertamente las causas de los derechos sexuales y reproductivos. También ha avanzado en conocer y reconocer los logros del movimiento feminista de las últimas décadas. Además, hoy en día las organizaciones de temas de mujeres usan legislación nacional y el derecho internacional de los derechos humanos en su trabajo, más allá de los acuerdos y declaraciones de la ONU sobre derechos de las mujeres.

Cuando la Ciudad de México y varios estados más se sacudieron con un terremoto otra vez el 19 de septiembre de 2017, la gente volvió a salir a las calles con la misma solidaridad y determinación con las que lo hicieron 32 años atrás. Pero esta vez, mientras seguían trabajando para localizar y rescatar a las personas de los derrumbes, alzando los puños para pedir silencio a las multitudes, y organizaban ayuda y donaciones, la ciudadanía y las organizaciones contaban con el apoyo de nuevos aliados: periodistas de investigación entrevistando a testigos, sobrevivientes e ingenieros. Abogados y organizaciones de derechos humanos documentando testimonios. Gente con habilidades en tecnología armando sistemas para combatir la desinformación y corroborar datos en tiempo real para facilitar la entrega de ayuda. Expertos forenses donando su tiempo inspeccionando construcciones y dando noticias difíciles a familiares. Y ciudadanos y ciudadanas activistas ayudando a través de Facebook y Twitter para encaminar la ayuda a las áreas más necesitadas.

Grupos de investigadores analizaron si los edificios destruidos habían cumplido con los reglamentos de construcción y descubrieron una corrupción profunda que había permitido que estructuras deficientes fueran construidas en suelo que no contaba con las condiciones para cimientos sólidos en una ciudad proclive a movimientos sísmicos. La ciudadanía se organizó y armó demandas colectivas que hasta hoy continúan su largo proceso en los tribunales.

Dos años después de estos hechos, está por culminar la reconstrucción del Multifamiliar Tlalpan, un edificio residencial en el que murieron nueve personas y cientos enfrentaron la pérdida de su vivienda. Cuando en la mañana en mi camino al trabajo paso por el lugar del edificio en reconstrucción, me quedo viendo el mensaje pintado con aerosol en la barda de la esquina, que es un recordatorio sobre la fragilidad de la vida y la importancia de la solidaridad: Hoy Fuimos Nosotros/Mañana Puedes Ser Tú. Los habitantes del edificio regresarán y la construcción reforzada será su nueva realidad. Mientras, otros retos estarán surgiendo en el país y en la ciudad y se necesitará que la sociedad civil aporte nuevas respuestas.

En los próximos meses, MacArthur publicará una serie de artículos que describen el avance en algunas áreas y temas y que ofrecen un tributo a muchas de las personas y organizaciones que trabajan en las trincheras a las que hemos tenido la fortuna de apoyar, y con las que hemos podido aprender y soñar. Los artículos pondrán de relieve historias que representan una pequeña parte de la diversidad de valiosos esfuerzos que ha producido la sociedad civil mexicana hasta el día de hoy.

 

Mexico: Avances y oportunidades

En las tres décadas pasadas, México ha logrado importantes avances en el fortalecimiento de los derechos humanos, los derechos reproductivos, y la salud de las mujeres, y la Fundación MacArthur ha sido una socia orgullosa de un gran número de personas y organizaciones que han hecho posible esos avances. A lo largo del próximo año, MacArthur publicará una serie de artículos sobre una buena parte de esos logros, los desafíos actuales en algunas de las áreas, y las oportunidades para el futuro.

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